La vie en gris

El hombre de la gabardina metió el sobre en el buzón. Acto seguido se sentó en la terraza del bar al lado de la estación de metro. Las manos le temblaban al encenderse un cigarro. Pidió un café irlandés y se concentró en jugar con el mechero mientras esperaba haciendo caso omiso de la gente monótona y malhumorada. (Haz click para seguir leyendo)