La taxista juró que se vengaría

De la suerte de haberte encontrado, me quiero vengar. Del día en que la suerte te hizo parar mi taxi y yo inocente bajé la bandera ante tus ojos penetrantes. Así nos juntó la maldita. Una conversación fortuita, la casualidad de que necesitases un servicio diario durante los próximos meses y mi ingenuidad al creer que una entrada rutinaria de dinero me beneficiaría fueron los ingredientes de este cóctel de amor imposible. Un día fue la alegría de ver que compartíamos ideas políticas, otro día coincidíamos en gustos sobre comida, al día siguiente descubrimos nuestro sentido del humor particular, ¡ay ventura mala aventura!; y así poco a poco también nos empezamos a tratar con más familiaridad, yo bajándome del coche para recibirte, tú dándome dos besos al llegar, y que el azar mande y ordene. Un día tuve la fortuna de encontrar una mirada fugaz tuya en el retrovisor que me hizo estremecer, otro día la casualidad de rozar tu mano al cobrar. Hasta que finalmente fue inevitable mirarte de soslayo para ver si de verdad existías: ¿cómo olía tu pelo? ¿y tu camisa? ¡Hay qué suerte la mía!, de poder tenerte cada día más y más cerca de mí, de poder quedar antes un día para tomar el café, de que nos vayamos juntos a por una cerveza cuando sales del trabajo. No se le puede pedir más a la rutina. Pero este condenado azar aún quería más y nos llevó a un abrazo del que no queríamos salir, a unas manos entrelazadas que no querían soltarse, a unos ojos imantados que no podían separarse, nos llevó a lugares recónditos de la ciudad y a hoteles varios en las afueras donde poder respirarte, sentirte y darnos todo aquello que el destino execrable tenía programado en el suyo, un calendario de eventos locos lleno de todos los colores del arco iris. Así estoy yo de trastornada, que un día doy las gracias y otro me rasgo las vestiduras. Y por culpa de esa suerte endemoniada ahora tú no acabas de ser feliz con tu mujer y yo no quiero más estar viva.

Pues yo reniego de ese destino en el que soy una desgraciada y le lanzo una puñalada mortal a la suerte: me voy de este sitio, empiezo en una ciudad nueva, con clientes nuevos, conversaciones por entablar y sonrisas por descubrir.

Foto de Bechalara, bajo licencia CC internacional 4.0

Ejercicio de escritura 0016: La venganza del taxista

6 comentarios en “La taxista juró que se vengaría”

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