Monty Hall del destino – Puerta I

Miró por el ojo de la cerradura de la primera puerta mientras una música circense sonaba a su alrededor. El concurso consistía en decidirse por una de las tres puertas para ganar el premio. Hizo varias aplicaciones por internet y allí estaba ahora ella misma, viendo como todo podía cambiar con su próxima decisión. Intentó dejar los nervios a un lado y concentrarse en lo que iba a ver, pero el presentador no ayudaba para nada. “Hemos preparado una opción detrás de cada puerta”, dijo dirigiéndose al público. “La felicidad o la desgracia más absoluta para ella y para los suyos, porque está en un concurso… de escoger su futuro. ¡Adelante!”

Los aplausos apagaron la voz resplandeciente del presentador a la vez que le aceleraron el corazón. En medio de la más grande expectación miró el porvenir. Entonces una trampilla se abrió bajo sus pies y cayó por un tiempo considerable hasta aterrizar sobre un confortable colchón de plumas.

Cuando se tranquilizó se dio cuenta de que estaba volando a lomos de un águila inmensa que la llevaba sobre el Atlántico Norte congelado en una noche polar absoluta en la que la nieve reflejaba la luna. Entre sus plumas estaba abrigada y muy protegida. Se dirigían hacia el sol invernal que no era más que la fusión del amanecer con el atardecer en el horizonte intuyendo un día que no llegaría nunca. Pasó por encima de un barco rompehielos y luego entró al continente escandinavo por las islas Lofoten, llenas de montañas picudas. La vista se paseó por los glaciares dónde vive Jotun el gigante, y por los bosques frondosos de abetos centenarios. La civilización llegaba en pequeños grupos de casas aisladas destacadas por sus humildes luces entre los valles para ir concentrándose en núcleos urbanos a medida que el águila avanzaba hacia el sur, perseguida por una aurora boreal. Al fondo, las luces de la capital se iban haciendo más y más intensas hasta que llegaron a un gran edificio de diseño al lado del puerto que identificó con la casa de la Ópera de Oslo.

– He de dejarte aquí. – Dijo el águila. – Has de entrar en este edificio y preguntar en la recepción por la sala de conferencias. Cuándo entres siéntate al fondo. Y sobretodo, no te preocupes por nada. Va a salir todo bien.

Estaba todavía anonadada cuando descubrió la mirada tierna que el águila le dedicaba. Las sensaciones estaban apoderándose de ella y no conseguía articular palabra. Antes de emprender el vuelo de retorno, el águila le señaló el edificio con un ligero movimiento de cabeza.

La sala estaba llena a rebosar de gente de todos los rincones del planeta, con chaqueta brillante y sonrisas relucientes a punto de dejar caer sus dientes falsos. El dinero resplandecía en los rostros de los hombres más jóvenes, excitados por las oportunidades que se les ofrecían. Los más mayores, en cambio, miraban con expresión grotesca por encima de sus crecientes barrigas, ignorando la cantidad ingente de pastillas que debían tomar por las mañanas. Las mujeres no se dividían por edad, sino por estrategia: o iban juntas con las miembras de su equipo para protegerse y ayudarse, o iban solas para emborracharse y ascender de cama en cama. Las mayores solo estaban en el primer grupo.

Entonces el silencio se hizo patente en toda la sala. Las luces se apagaron y el escenario se encendió, mostrándola a ella. Tenía el aspecto contrario al de su audiencia. Con un vestido de rasgos góticos y tatuajes mal cubiertos en los brazos, el rubio perfecto de las raíces y medios se rompía en un lila bellísimo en las puntas que relucía salud y fiesta tanto o más que su piercing de la nariz. Una voz en off del organizador introdujo su proyecto. La presentación fue excelente: tenía un producto de análisis de imagen en el que podía transmitir el rostro de un bebé dentro del vientre de su madre sin ningún riesgo para la salud. La calidad de la imagen era tal que los padres podrían ver el parecido de su futuro hijo con los ancestros de sus cuadros antiguos. A pesar de sus pintas de radical, los asistentes rompieron en un aplauso apoteósico, con los hombres mayores de la primera fila levantándose y una nube de gente intentando llegar hasta ella para darle sus tarjetas de accionistas y gestores con fondos de inversión. Lo había conseguido. Después de tanto esfuerzo, por fin tenía una recompensa.

Sin embargo empezó a sentirse agotada. Cuanta más gente se le acercaba para hablarle de finanzas, más se apoderaba el cansancio de ella hasta que terminó un poco mareada. Nadie le hacía preguntas estimulantes sobre los algoritmos que había utilizado, o sobre el orden de los filtros que aplicaba a las imágenes. Sin los detalles técnicos que la apasionaban, se sentía sola y abatida en medio de aquella horda de gente. Las horas de trabajo intenso durante años, los días que se convertían en noche y en día después, encerrada, sin luz, sin nada más que una llamada para pedir comida entregada a domicilio, y la bendita red que le permitía conectarse al mundo unos minutos antes de irse a dormir. Todo eso dedicado a su pasión por desentrañar los secretos de una señal que poco a poco se traducía en píxeles cada día más precisos. Y ahora se iba a separar de aquellos misterios para concentrarse en un producto final que tenía un mercado por delante.

Ella ya sabía qué iba a pasar después: vendería su prototipo y gestionaría su empresa, sería rica, dejaría de investigar y se convertiría en una persona más con chaqueta y dientes falsamente perfectos. No necesitaba ver más allá de aquella escena.

– ¿Va todo bien? – quiso saber el presentador.

– Sí, sin problema. Esta puerta podría ser una bastante buena opción para muchos- , respondió.

– Ah! Claro! El éxito y el dinero a raudales. ¿Quién lo dejaría escapar, verdad?

Ella asintió con la cabeza esperando una frase mordaz que tocase la fibra.

– ¿Sí pero no encuentras que falta algo bastante importante?

– Sí, claro. Faltan mis amigos y mi familia.

– ¿Porqué crees que no habían venido a verte?

– Pues porque los he dejado olvidados durante años. Mis amigos están ahí para salir y pasarlo bien juntos, y para pasar las penas entre todos también. Si después de tanto tiempo sin dar señales de vida, les invitas a un evento en el extranjero por el que encima han de pagar para verte en tu gloria después de haberlos dejado de lado, pues lo más normal es que nadie venga.

– Así es, queridos espectadores. Esta puerta mostraba para ella un destino de éxito en soledad, basado en la recompensa a un esfuerzo notorio. En esta puerta la concursante no significa nada en la vida diaria de su pareja ni de sus amigos y sus padres hacen su vida sin ella. ¿Qué opinión te merece esta perspectiva?

– Bueno, es un poco confuso. No había nadie conocido a mi alrededor más allá de mi jefa. Es un éxito profesional glamuroso, pero por otro lado, es el final de una época. Dejaría de lado la investigación, me rodearía de gente distinta a mí y encima habría perdido a los que más me importan. Es decir, que posiblemente haya disfrutado muchísimo en la investigación, pero el objetivo comercial no tiene nada que ver con la idea principal ni con lo que yo espero de la vida.

– Bien observado: ¡El objetivo comercial! La cantidad de dinero por la que puedes vender tu prototipo es bastante interesante. ¿No te parece que compensa?

– Mira, realmente, si yo termino un prototipo de estas características a base de tanto sacrificio, lo último que quiero es vendérselo a una empresa que a saber como lo gestiona. Lo que yo haría sería montar la empresa yo y aceptar su dinero para empezar, como inversores. Pero en ningún caso dejaría de cuidar y de mejorar mi producto, porque es lo que me gusta hacer. Mientras estaba allí, describiéndolo en el escenario… Es como si fuese mi hijo, ¿sabes?

– Ah! Me encanta esta concursante que conduce la entrevista ella misma, jajajaja. – rió con sorna el presentador – Porque aquí está la siguiente pregunta: ¿crees que podrías tener hijos así, o renunciarías a ello?

La pregunta la golpeó como el martillo de Tor. La verdad es que no se lo había planteado ni siquiera. “Hay tiempo para todo” se decía. Pero la verdad era que en ese destino habían pasado algunos años hasta poder llegar a su prototipo.

– Bueno, lo de los niños es algo que se tiene que estudiar. No me gustaría dejar de tener hijos, para nada, aunque sean adoptados. Pero no creo que un futuro tan dedicado a la productividad pudiera garantizar la familia que un niño necesita. Tendría que ver condiciones de vida, el padre o la persona que lo cuidaría conmigo, los permisos de maternidad y de paternidad, la estabilidad económica… para todo esto hace falta tiempo libre. – Se quedó pensativa unos instantes y antes de que el presentador ocupase otra vez el silencio de pensar con su voz estridente, ella concluyó – No sé, pero me parece que en este destino no podría tener una familia. No me hace gracia renunciar a cuidar de otras personas, la verdad. Me gustaría ver qué hay en las otras puertas antes de escoger.

– ¡Me lo has quitado de la punta de la lengua! – respondió el presentador chasqueado forzando la sonrisa – ¡Qué concursante, señoras y señores! Siempre un paso por delante de los acontecimientos. Bien, pues ahora viene el trato. Podrás ver lo que hay en la segunda y la tercera puerta – dijo el presentador remarcando la “y” – si renuncias a escoger esta primera.

El silencio se hizo en el plató. La concursante estaba tan dubitativa que no podía decidir nada en absoluto. El presentador rompió el silencio para crear expectación:

– La seguridad y el éxito laboral contra una vida emocional plena, señores. No quisiéramos estar en la piel de la concursante de hoy.

Mientras la música se hacía intensa, ella estaba cogiendo manía al presentador que no le permitía pensar. Volvió a concentrarse en la raíz del asunto: aquello era un concurso y había venido a conocer experiencias. Ya sabía los límites de ésta y estaba bastante segura de que acabaría frustrada. Tomó su decisión:

– He venido a jugar y jugaré – dijo con tono firme.

– Pues no nos detengamos aquí y preparémonos para la segunda puerta… ¡Será la semana que viene en este mismo canal!

Ejercicio de escritura 0015: El ojo de la cerradura

Imagen: Opera de Oslo de noche, aportada a wikimedia commons por el usuario Krakers, bajo licencia CC 4.0.

1 comentario en “Monty Hall del destino – Puerta I”

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